Saludo día de la madre

A nuestra querida Comunidad Escolar: 
Hay un libro pequeño, escrito para niños, que guarda una de las verdades más grandes que conozco. Se llama El Hilo Invisible. Cuenta que entre quienes nos aman y nosotros existe un hilo que no se ve, pero que está siempre allí: cruza ciudades, atraviesa el tiempo, sortea las distancias y —dicen los que saben— también sobrevive a la muerte. No importa cuán lejos vayamos ni cuán solos nos sintamos: ese hilo tira suavemente desde el otro extremo, recordándonos que alguien, en alguna parte, nos está sosteniendo.

Ese hilo tiene un nombre antiguo: amor de madre.

En este Día de la Madre quiero detenerme con ustedes a pensar en esa red invisible que nos ha traído hasta aquí. Cada uno de nosotros, cada mañana, cruzando las puertas del liceo debemos recordar el misterio del amor que nos trajo a la vida. Somos quienes somos y hacemos lo que hacemos porque alguna vez una madre tejió, con paciencia y desvelo, los primeros nudos de nuestro hilo. Algunas de esas madres siguen junto a nosotros; otras nos miran desde la memoria. Pero todas, sin excepción, siguen tirando del hilo. Por eso nuestra vida no se ha caído, aunque a veces se haya tambaleado.

Y lo notable es esto: como educadores, ese hilo no termina en nosotros. Se prolonga. A los casi mil estudiantes que recibimos cada día pues, les ofrecemos —a veces sin darnos cuenta— un trozo de esa misma trama. Una palabra de aliento, una mirada que repara, un límite puesto con cariño, un «te espero mañana». Madres y padres, hijas e hijos, tías y tíos, abuelas y abuelos: en este liceo todos, hombres y mujeres, somos parte de la red invisible que sostiene la vida de un niño cuando el mundo le parece demasiado grande.

A las madres de nuestra comunidad: gracias por permitirnos cuidar lo que más aman.

A las mujeres que, sin haber dado a luz, maternan cada día con su trabajo y su ternura: gracias por ese amor que multiplica.

A los hombres que acompañan, contienen y enseñan junto a ellas: gracias por sostener también ustedes el otro extremo del hilo.

Que este domingo, al abrazar a quienes los esperan, sientan con fuerza ese tirón antiguo y luminoso. Y que el lunes, al volver al liceo, recuerden que no hay aula, ni pasillo, ni patio en el que estén realmente solos.

Feliz Día de la Madre.